La sala, la cocina y la caja de tu restaurante, sobre un sistema que además lee tus albaranes, cuadra tu personal y vigila tu carta. Cada plato lleva su coste real y el margen que deja. Cada decisión, su explicación al lado y sus euros medidos el mes siguiente. 179 € al mes por local, IVA incluido, con todo dentro.
El TPV anota lo que vendiste. La contabilidad lo suma a fin de mes. En medio tomas las decisiones que mueven el margen —qué precio poner, cuánto pedir a cada proveedor, cuánta gente citar el martes, cuántas mesas guardar para el viernes— de memoria, sin tiempo y sin datos delante. Y ninguna vuelve: nadie mide si aquel jueves acertaste. Por eso el ojímetro dura treinta años: no falla, acierta lo justo para que nadie lo mida. El margen que se queda por el camino no aparece en ningún informe.
Más de margen es lo que se mueve los primeros meses. En un local que factura 40.000 € al mes, son entre 1.600 € y 3.200 € que hoy se quedan en la mesa.
No te pedimos que nos creas. El día 5 de cada mes, un informe te dice tu número exacto, en euros.
El repartidor deja el género y el papel. Le haces una foto y ahí acaba tu parte: el albarán vuelve leído —proveedor, líneas, precios e IVA—, con cada ingrediente ya puesto donde lo confirmaste la vez anterior. Tú repasas y guardas. Lo que ese papel cambia, cambia solo en toda la carta.
Proveedor, líneas, precios e IVA. Los importes que no cuadran salen señalados, y el ingrediente viene puesto donde ya lo confirmaste otra vez. Se guarda el original, por si hay que volver.
Si la gamba sube un 12%, sube en los nueve platos que la llevan, esa misma tarde. Cada plato lleva su coste de género y los minutos de cocina medidos en el pase. Si falta un dato, el margen sale marcado como techo y te decimos cuál falta.
Los platos que pierden margen salen en rojo, con la propuesta de precio al lado y su razón: lo que cuesta, lo que se vende y lo que cobra tu zona por un plato parecido. Cuidar, revisar, promocionar o quitar. Decides tú.
Un plato que sale del pase a las 21:07 acaba cambiando el precio de ese plato. Por eso la sala también es nuestra: si el dato del servicio vive en otro sitio, esta cadena se rompe.
Un servicio, de principio a fin, sobre las mismas pantallas. Cada gesto que tu equipo ya hace deja el dato que alimenta todo lo demás, sin que nadie rellene un parte aparte.
La mesa se abre con su comanda y con los alérgenos que dejaron dichos al reservar. Si no vienen, el no-show se constata y el depósito responde.
Dictada o escrita, con sus modificadores y su punto de la carne. El precio queda congelado al pedir, así que lo que se cobra es lo que se dijo. Juntar mesas, dividir la cuenta o hacerse cargo de una mesa ajena está a un gesto.
La cola en pantalla, con el reloj de cada plato y su objetivo de tiempo. Si se acaba el pulpo, se marca agotado y desaparece de la carta de todos los camareros en el acto.
Por partes iguales, por platos o a escote, en efectivo, con Bizum o con tu datáfono. Cada pago entra en caja con su método, y sale una sola factura.
Arqueo por método de pago, propinas del turno y cierre de turno firmado. Y el resumen del turno de cada camarero: sus mesas, sus comensales y su vuelta.
Los tickets de anoche son los que leen la previsión de mañana, el coste del plato y el cuadrante de la semana que viene. Nadie exporta nada.
La parte que nadie quiere hacer y todo el mundo hace dos veces: aquí sale del mismo sitio donde se cobró, sin teclear nada otra vez.
Cada ticket lleva su registro encadenado, su serie por terminal y su código QR. Simplificada o completa con los datos del cliente, en papel o por enlace. Si hay que anular o rectificar, queda con su motivo y su rastro.
Pasas la tarjeta por el aparato de tu banco, con las condiciones que negociaste, y nosotros registramos cómo se pagó y emitimos la factura igual. No te llevamos comisión ni tocamos tu adquirencia.
Nada. Se lo descarga él. Libro de facturas, IVA por tipo, cierres de caja y mermas del mes, en ficheros para Excel, con su propio acceso de solo lectura.
El sábado se decide el miércoles. Cruzamos tu histórico con lo que va a pasar fuera del local —el tiempo, los eventos de tu ciudad, los festivos y los puentes— y con lo que ya tienes reservado, para que el cuadrante no salga a ojo.
A catorce días, con lo de fuera dentro: la lluvia del jueves, la feria que te llena el sábado, el puente que alarga el domingo. Lo que no tienes tiempo de mirar, y que hoy notas cuando ya ha pasado.
Con depósito a medida: sube en los grupos grandes del viernes y baja para el habitual del martes. Si viene, no paga nada extra; si no aparece, el depósito es tuyo. En tu web, en tu perfil de Google o en una página propia si no tienes web.
Cuánto cuesta de verdad cada turno, con su convenio, sus pagas y las horas extra, y el aviso cuando un servicio se queda corto. Cubrir una baja no es una ronda de llamadas: se pregunta solo a quien puede ese día.
No es una promesa: es la prueba. Cada mes te demuestra, en euros, lo que el sistema te hizo ganar frente a no haber tocado nada, descontando el clima y los eventos que iban a pasar igual: lo que queda es lo atribuible al sistema, no a la suerte. Y te sitúa frente a los locales parecidos al tuyo, puntual el día 5 y con metodología auditable. El test que tiene que pasar es sencillo: que lo enseñes a tu gestor sin tener que defenderlo.
Una sola cifra: lo que el sistema sumó este mes frente a tu propia línea base, con su intervalo de confianza. Sin maquillaje ni redondeos hacia arriba.
Reconstruimos qué habrías facturado sin el plan y descontamos clima, eventos, festivos y temporada. Lo que queda es lo que movió el plan.
Tu ticket, tu ocupación y tu RevPASH contra la mediana de tu zona. Para saber si el margen que falta está en el precio, en la demanda o en el sitio.
| Métrica | Observado | Base contrafactual | Δ |
|---|---|---|---|
| RevPASH | 7,40 € | 6,95 € | +6,5% |
| Ocupación viernes noche | 92% | 84% | +8 pts |
| Ticket medio | 38,20 € | 36,90 € | +3,5% |
| Margen real | 64,1% | 62,8% | +1,3 pts |
Metodología. Tu resultado real frente a una línea base de lo que habrías facturado sin intervención, controlando clima, eventos, festivos y estacionalidad. La comparación usa locales parecidos al tuyo por carta y rango de precio. Cada cifra es trazable y defendible ante una auditoría.
Lo recibes por email el día 5. También tu gestor y una persona más, si quieres.
Esa comparación con tu zona se construye con datos agregados, nunca los de tus clientes, de muchos restaurantes como el tuyo. Cuantos más miden así, más nítido es el espejo para todos: ver si el margen que falta está en tu precio, en tu demanda o en tu zona. Es la lectura que hasta ahora solo tenían las cadenas con analista propio; ahora también el restaurante independiente.
El sistema nunca actúa donde no le diste permiso. Hay dos modos y un freno, y los eliges tú, ámbito por ámbito. Cada recomendación trae su porqué en una frase. Sin cajas negras.
El sistema te enseña el plan y la razón de cada cambio, y espera tu OK. Nada se aplica sin tu aprobación. Tú lees, tú decides.
Cuando confías, le dejas aplicar solo dentro del tope y el suelo que tú pones, por categoría. Todo queda registrado, con aviso y con marcha atrás.
Un botón detiene cualquier acción del sistema al instante, en todos los ámbitos a la vez. Sin preguntas y sin esperas.
Eliges el modo por ámbito y vuelves atrás cuando quieras. La última palabra es siempre tuya.
Los cuatro módulos de servicio —comanda, cocina, caja y cobro, y tu página pública— se encienden uno a uno, el día que decidas. Encenderlos no cambia la factura: ya están dentro.
Cuéntanos tu caso y te respondemos en menos de 24 horas. Sin llamadas comerciales ni presión. Si encajamos, te proponemos cómo empezar, a tu ritmo y con atribución mensual auditable desde el primer mes.