Cada lunes te preparamos el plan de precios de la semana que viene, día por día, con su razón al lado: lo que suele pasar los martes en tu zona, lo que suele pasar los sábados, qué platos se mueven y cuáles no. Tú lo revisas una vez y apruebas los siete días de golpe. Nada cambia a mitad de servicio. El cliente nunca se encuentra un precio que no estaba ahí cuando reservó.
Tu restaurante nunca funciona igual un martes a mediodía que un sábado por la noche. Tu carta no lo sabe. Los costes se mueven, el público cambia, tu competencia ajusta — y tú cobras lo mismo que hace tres meses, todos los días de la semana igual.
Cada lunes te preparamos los siete días de la semana que viene, con un precio distinto por día para los platos que tiene sentido mover. Tú lo revisas, ajustas lo que haga falta y apruebas los siete días de golpe. Cuando empieza el lunes siguiente, la carta ya está lista. Nada se toca después.
Si usas Square, lo conectamos en diez minutos. Si usas Agora, Revo, Glop o cualquier otro, subes tu hoja de ventas y listo. Solo miramos lo que ya vendiste — nunca tocamos tus precios automáticamente.
Miramos qué suele pasar cada día en tu zona: el martes los menús del día, el viernes los turistas de cruceros, el sábado el público local, el domingo las familias. Y preparamos un precio por día para cada plato que tiene sentido mover.
El lunes abres MarginCue y ves el plan completo de los siete días: qué plato sube, qué plato baja, qué día, y por qué. Ajustas lo que no te cuadre y apruebas. Cuando llega la semana, los precios ya están publicados.
Al final de la semana ves cuánto has ganado de más comparado con lo que habrías vendido si hubieras dejado la carta igual. Sin maquillaje. Si una propuesta no funcionó, te lo decimos y la siguiente la afinamos.
MarginCue no te enseña datos para que tú decidas. Detecta, decide, ejecuta, mide, aprende y deja registro de cada cambio. Cada paso ya funciona en los locales que lo usan — no es promesa, no es marketing de IA.
Cada una hace su trabajo. Si quitas cualquiera, el sistema deja de funcionar. Si añades más, son extras.
No te lo contamos al final, te lo contamos antes de que llegues. Hoy: todavía no estamos integrados con Glop — estamos esperando que nos den acceso. Y el motor afinado a tus ventas reales necesita un par de semanas de tus tickets para activarse — hasta entonces vamos conservadores.
Cada lunes, antes de proponerte el plan, miramos cinco cosas a la vez. Tu histórico solo es una. Las otras cuatro son las que justifican que paguemos por estar en este sitio en lugar de tirar de un Excel cualquiera.
Atracan tres buques en Palma el viernes. La Mercè llena Barcelona el último de septiembre. Lo sabemos antes que tú y movemos el precio de los platos que tu zona pide en esos días.
Lluvia el sábado: tu terraza se vacía, el guisado de cuchara no. Sol y veintiocho grados: la ensalada y la cerveza pueden subir un punto. Lo cruzamos con tus históricos.
Festivo en Alemania la semana del 3: tus mesas de 8 son probablemente alemanas, y los alemanes ordenan platos distintos. Festivos de Francia y Reino Unido, lo mismo.
Cuando proponemos un precio para un día concreto, ves al lado la mediana que cobran tus vecinos por platos parecidos. Recolectada de cartas públicas y reseñas. Tú decides si estás por encima, por debajo o en línea.
Cada función existe porque un restaurador la pidió. Nada de paneles para mirar. Nada de informes para leer. Lo justo para decidir en cinco minutos el lunes por la mañana.
Si usas Square, lo conectamos en diez minutos. Si usas Agora, Revo, Glop o lo que sea, subes tu hoja de ventas y listo. No te pedimos que cambies de sistema.
Los lunes abres MarginCue cinco minutos, revisas el plan de los siete días siguientes, ajustas lo que haga falta y lo apruebas de golpe. El resto de la semana no tocas nada. Ni tú, ni nosotros, ni nadie.
"Paella a €19,90 el viernes porque atracan cruceros y tu zona cobra más por arroces parecidos; a €18,50 los mediodías de diario porque vienen de menú." Así, en una línea por cada día. Si tu encargado pregunta por qué, tienes la respuesta delante.
Genera tu carta digital con un código QR para cada mesa. Alérgenos, fotos, traducciones automáticas, horarios comida y cena. Si solo quieres esto, te quedas en gratis siempre. Si quieres pricing y reservas encima, das el paso a Pro.
Servidores en Frankfurt, cumplimiento RGPD completo y solo datos agregados de ventas — nombres y emails de tus clientes no los tocamos. Si tu gestor pregunta, tienes papeles.
Cada cambio que apruebas se compara con lo que habrías vendido si hubieras dejado la carta igual. Al final de la semana, euros medidos en tu caja. Si no funciona, no pagas los 7 días de prueba.
Cada lunes clasificamos cada plato de tu carta en una de cuatro casillas: estrella, oportunidad, revisar y quitar. El equivalente a lo que cobran 800–1.500 € los consultores gastronómicos por una sesión, hecho en sesenta segundos encima de los datos que ya pasaron por tu caja.
Las reservas son tuyas, no de un intermediario. El cliente paga un depósito al reservar —del tamaño justo para cada grupo, día y antelación—, tú te dejas de mesas vacías los viernes, y no hay nadie cobrando comisión por cabeza. Funciona en tu web, en tu perfil de Google, y en una página propia si no tienes web.
Bloqueamos la tarjeta del cliente cuando reserva, pero el importe no es fijo: sube en las reservas de grupo grande el viernes y baja para el habitual de los martes. Tú defines la tabla por tramo, día, antelación e historial de no-shows. Si viene, no cobras nada extra. Si no aparece, el depósito es tuyo. Cero comisión por cubierto.
Si no tienes web, te damos una: foto, horarios, dirección, carta y botón de reservar. Lista para pegar en tu perfil de Google como "enlace de reservas". Sin diseñadores, sin dominios, sin pelearte con plantillas.
Si ya tienes web, le pegas un botón "Reservar" que abre el flujo encima de tu página. El cliente no se va a otra pestaña. Tu diseñador pone una línea y olvídate.
Cada reserva alimenta la ficha del comensal: visitas, alergias, preferencias, cumpleaños. Al día siguiente sabes quién es habitual y quién viene por primera vez. Email de recordatorio 24h y 3h antes con botón de confirmar o cancelar sin tener que llamar.
Cada mes ves cuánto dinero salvaste con depósitos cobrados y cuánto se te escapó en no-shows sin cubrir. Por día de la semana para que sepas qué noches merecen depósito más alto. Mismo principio que el pricing: cifras reales, no promesas.
El cliente marca en la reserva qué alérgenos evita y qué dieta sigue. Al darle a enviar recibe un enlace a tu carta con los platos que no puede tomar resaltados y los que encajan con su dieta destacados. Cocina lo sabe antes de que se siente. Sin llamadas preguntando "¿este lleva gluten?".
Carta digital QR gratis para siempre. Pro para un local con pricing semanal y reservas. Enterprise cuando ya operas cinco o más. Sin letra pequeña. Sin freemium para engancharte. Si Pro no te sirve en 7 días, no pagas.
Pro son €799/mes contra €1.600–3.200 de uplift que vemos en restaurantes parecidos al tuyo. El peor mes pagas el doble de tu coste. El mejor pagas cuatro veces. Por eso no hay freemium.
Nos cuentas tu caso y te contestamos en menos de 24 horas. Sin llamadas comerciales ni presión. Los 7 días de prueba siguen ahí cuando quieras; esto es solo si prefieres hablarlo antes.